Durante años la ciudadanía ha sido bombardeada con todo tipo de letanías ideológicas que buscaban su aceptación o al menos su resignación respecto de la voluntad de las élites económicas y políticas. Así ocurrió con esa nueva virtud cardinal que recibió el nombre de austeridad.
El tiempo transcurrido de su beatífica acción ha servido para incrementar nuestra resignación. Atrás quedaron aquellos brotes de ‘primaveras árabes’ que se vendían como revoluciones ciudadanas, llenas de alegría y buen rollito, tan extrañamente parecidas a anuncios de Coca-cola. Porque si en 2008 el decil de la población con más renta recibían 4,5 veces la del decil con menor renta, hoy reciben 5,4 veces más (lo que traducido en lenguaje de andar por casa significa que los ricos cada vez ganan más y los pobres menos) y este incremento de la desigualdad no ha sido acompañado de una representación del musical ‘Les Miserables’.
En ello algo puede tener que ver la nueva virtud complementaria del optimismo y los brotes verdes. No sé si doctrinalmente se tratará de una virtud infusa o teologal, pero tiene manifestaciones claramente milagrosas. Pues milagroso es que consiga hacernos creer a todos que cada vez hay más empleo y que las estadísticas del paro desciendan mes a mes evitando que posemos nuestra mirada en el hecho de que en el último año las personas inactivas hayan crecido en más de medio millón. Quinientas mil personas que ya no son paradas por arte de birlibirloque y que cuentan con todo el oxígeno que quieran para respirar. Y milagro, y de los gordos, es que crezca el empleo pero en realidad en España se estén trabajando 7 millones de horas a la semana menos que en 2016. ¿Cómo es posible? ¿Habrá una explicación de los médicos?
No sé si existirá una categoría teológica superior a la de milagro. Pero si el dogma es que no puede haber crecimiento económico sin creación de empleo y hoy el PIB dice crecer al 3%, entonces debemos estar ante un acontecimiento cosmológico. ¿O habrá entrado también el PIB en la categoría de superstición?
Publicado en La Nueva Crónica el 8 de agosto de 2017
No hay comentarios:
Publicar un comentario