miércoles, 18 de abril de 2018

La tierra vuelve a ser plana

Hace unos días los intrincados senderos de internet, esos que de link a link nos llevan a informaciones que no siempre se realzan en las parrillas de los medios de comunicación, me condujeron a descubrir una encuesta realizada en Estados Unidos sobre el número de personas que creen que nuestro planeta Tierra es en realidad un disco plano flotando en el espacio. Lo sorprendente de la misma es que, mientras que en las personas mayores de 55 años, esta creencia, o simplemente la duda sobre el carácter esférico de nuestro planeta, era compartida por un seis por ciento de la población, con cada franja de menor edad la cifra iba aumentando hasta llegar a un increíble 34 por cierto de norteamericanos de entre 18 y 24 años que no tienen claro eso del sistema planetario y lo de que la Tierra orbita alrededor del sol.

«Estos americanos son la bomba», me contestó un amigo cuando le conté mi descubrimiento. Pero mi amigo se equivocaba. Ignoraba la existencia en España de un afamado youtuber predicador de esta misma fe, abogado para más señas, y por tanto con todo su currículum de primaria, secundaria, bachillerato y estudios universitarios a la espalda, con más de ciento cincuenta mil seguidores y vídeos indescriptibles que acumulan millones de visionados. Tampoco sabía que según la encuesta bianual de Percepción Social de la Ciencia en España, 3 de cada 10 españoles no saben que la Tierra gira en torno al Sol.

En realidad el dato deja pequeño el de los norteamericanos, por lo que parece que nosotros sí que somos la bomba. No ha de extrañarnos, pues, que, en otras muchas cosas, los argumentos que se manejan en los interminables «arreglos del mundo» de nuestros bares y bancos de plazas sean de parecida calidad científica y lógica. Y no debería sorprendernos tampoco que las consecuencias políticas sean las que están siendo.

Pasará con el tema de las pensiones, con el de la Sanidad pública, con nuestro sistema educativo, hasta con el problema territorial. Con cada asunto siempre habrá un o una youtuber que establecerá que la Tierra ha vuelto a ser plana.

Publicado en La Nueva Crónica el 17 de abril de 2018

miércoles, 4 de abril de 2018

Clásicos de la información postcontemporánea

Reposamos ya de los fervores de la Semana Santa y de los orujos del Genarín, aunque los haya que, como los diputados de las Cortes españolas, aún han de consumir todavía más días de descanso tal vez por eso de «los quince días» que era costumbre de los seminarios y universidades del Antiguo Régimen. Las páginas de nuestros periódicos dejarán de cubrirse de concursos de torrijas, de referencias a los abusos del alcohol tan propios en nuestra cultura de cualquier periodo festivo y de números sobre los kilómetros de pistas esquiables o espesores de nieve y poco a poco volveremos a otros clásicos.

Volveremos a las encuestas que sancionan el imperio de mil años del Partido Popular, con o sin el apoyo de otras marcas del mismo producto. Volveremos a los proyectos de infraestructuras, a los anuncios de grandes inversiones y a esos titulares tan simpáticos por los que León se convierte en referente mundial de tal o cual cuestión. Volveremos a las previsiones de crecimiento, a noticiar el futuro, a construir una información virtual que condicione el pensamiento y la postura de la ciudadanía.

Porque en esta nueva era postcontemporánea es aterrador comprobar lo visionario que fue Walter Benjamin al ver al capitalismo como una nueva religión. Sus sacerdotes establecen profecías y cuando no se cumplen encuentran fácilmente a los culpables de la ira de los dioses. El crecimiento de la economía debe ser tal o cual y si sus predicciones son superadas es a causa de su buena gestión y del asentimiento de todos y todas a las normas del sistema. Pero si no se cumplen, siempre será culpa de algunos catalanes traidores, de unos pensionistas avariciosos o de agentes sindicales que interfieren en el crecimiento con sus protestas. Así es difícil no sentirse culpable. Como dice Byung-Chul Han, este sistema no convierte al explotado en revolucionario, sino en depresivo.

Da igual que una inmensa mayoría tengáis trabajos precarios y ganéis salarios de mierda. No protestéis. Si lo hacéis, el titular ya está preparado: La culpa es vuestra.

Publicado en La Nueva Crónica el 3 de abril de 2018