miércoles, 7 de mayo de 2014

Cuando la tuerca se pasa de vueltas

Fue acabar de leer la noticia de una nueva dimisión en el Cuerpo edilicio del Ayuntamiento de Ponferrada  y se me vino a la cabeza, irremediablemente, aquel párrafo de Henry James
“ -Estoy completamente de acuerdo, respecto al fantasma de Griffin, o lo que quiera que fuese, en que el hecho de aparecerse primero a un niño de tierna edad le confiere un algo especial. Pero no es el único caso de esta clase, que yo conozco, donde se involucre a un niño. Si un niño da la sensación de otra vuelta de tuerca, ¿qué pensarían ustedes de dos niños?
 -¡Pensaríamos que son dos vueltas, por supuesto! -exclamó alguien.”
Aquella historia de fantasmas, al parecer tan solo “inspiradora” de una película que facilitó la nominación al BAFTA en la categoría mejor guión “original” del inefable Alejandro Amenábar, ha sido siempre  un espacio literario mítico de la ambivalencia, las dobles interpretaciones y de ese poder de la subjetividad que hoy ha adquirido carta de naturaleza científica a través del biocentrismo hasta el punto de ser capaz de vencer a la propia muerte.


James había buceado con éxito en los elementos que caracterizarían la postmodernidad. Atacando el dualismo de la moralidad que imperaba entonces, nos enredaría en el lenguaje como moldeador del pensamiento y en la perspectiva como única verdad existente, negando así la autenticidad de cualquier clase de fuente para llegar a ningún tipo de verdad objetiva. Pero tal vez, con ello, nos avisaba de la vuelta de tuerca a la que todo ello nos conduciría.

Así se suele manifestar la política hoy en día. Es una fuerza poderosa en la que nunca nadie muere del todo. Es un mundo de ambivalencias, donde no existe ya el rector firme de las ideologías, en el que una dimisión puede verse como un acto de responsabilidad democrática e institucional, como una cobardía, como una estación de término o como el primer indicio de un nuevo sinuoso camino de conspiraciones o traiciones.

Hay mil interpretaciones posibles. Todo cabe ya en este mundo teatral en el que los actores se revisten a su antojo con los caracteres del personaje que en cada momento conviene. Pero… ¿Serán todas las sospechas, que a mí y a otros hoy nos asaltan, fantasmas que habitan solo en nuestra cabeza? ¿O será verdad que existe una conspiración real en la que los difuntos (¿Jessel, la institutriz dirigente? ¿Quint, el chófer conductor?) se confabulan con los aún vivos para aturdir nuestro raciocinio y arrojarnos a un estado de estupor catatónico?

La dimisión de Ismael Álvarez, la de Luis Amigo, ahora la de Carlos López Riesco… sucesión de alcaldes y de mociones, sospechas de nuevas conjuras… fantasmas y niños… niños y fantasmas… y por encima de todo ello, los rumores sobre la reagrupación del PP y de IAP y de la elevación a la categoría de próximo candidato a la alcaldía ponferradina de una nueva generación de caciques, sangre de la misma sangre de aquellos que sangraron nuestros pueblos y ciudades.

A mí, como a Amenábar, también me da a veces por “originalizar”… Si, como escribió James,  un niño da la sensación de otra vuelta de tuerca, y con dos nos daría por pensar en dos vueltas… ¿Qué pensarían ustedes si lo que nos apareciera ahora fuese el hijo mismo de uno de los fantasmas?
- ¡Pensaríamos que la tuerca se ha pasado de vueltas, por supuesto! – se oyó decir a alguien.



No hay comentarios:

Publicar un comentario